Perro Ladrador...
David Barcos Posted on
martes, enero 31, 2012 at 4:16PM En el pueblecito donde he vivido durante años situado en el alto de una pequeña meseta, las casas están distribuidas alrededor de una Iglesia. Y como suele ser común en muchos pueblos, la mayoría de estas viviendas alojan a uno o a más perros de distintas razas, tamaños y colores para protegerlas de extraños y posibles intrusos.
A las mañanas cuando salgo a correr puedo escuchar la variada sinfonía de ladridos de todos estos perros conforme voy pasando por delante de cada una de sus respectivas fincas.
Un día en el mes de septiembre comencé a correr después de haber puesto en marcha el cronómetro que llevo en mi muñeca. Unos metros más abajo de mi casa mientras sentía los primeros contactos de mis pies con el suelo adoquinado y activada ya la sinfonía canina, escuché unos peculiares ladridos provenientes de mi derecha que atraparon mi atención.
Cuando volví rápidamente la vista, percibí a dos perros con sus hocicos pegados a la verja y ladrando sin parar. El pelo de uno de ellos era rizado, blanco y tenía un tamaño mediano mientras que su compañero, era de color marrón, más bajo, con patas cortas y alargado como una salchicha
Aunque todos los días que pasaba me encontraba con esta misma escena, esta vez sentía que había algo diferente, aunque no sabía el qué. Interrumpí entonces mi carrera, y decidí acercarme precavidamente hasta la valla.
Con cada paso que daba se me hacia más aparente que sus ladridos hacia mí no eran en absoluto ni amenazantes ni tampoco estaban destinados a ahuyentarme de su propiedad.
Sino que, cuanto más me acercaba más movían de un lado a otro su rabo, empezando a dar giros sobre sí mismos y cesando por completo de ladrar. Al estar a tan sólo unos centímetros de distancia comenzaron a dar saltos y aullidos de alegría.
En ese momento, me sentí impulsado a introducir mis dedos a través de los rombos de la cerca para manifestar y compartirles también mi sorpresa y gran alegría. Mientras arrascaba con mi mano derecha el lomo del perro salchicha, en la izquierda estaba recibiendo los continuos frenéticos lametazos del caniche blanco.
A partir de ese inesperado y mágico encuentro, cada mañana al regresar de mi entrenamiento reservo siempre unos momentos para saludar y compartir con mis nuevos amigos nuestras buenas dosis de alegría, entusiasmo y conexión.
¿Has confundido tú también alguna vez ladridos amenazantes cuando tan sólo reclamaban tu cariño y atención?
Decide a partir de hoy que la siguiente vez que te ladren vencerás tu zona de comodidad a fin de detenerte por unos momentos, acercarte cautelosamente hasta su valla y bríndate la oportunidad de descubrir si hay algo nuevo que se pueda ocultar tras ella.
Y hasta que nos veamos de nuevo en nuestra próxima cita, simplemente recuerda que...
¡TÚ ERES, la llave del CAMBIO!


Reader Comments